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Comer afuera no siempre significa ir a un restaurante. Las viandas caseras o compradas están hoy en su auge.
Cada vez más personas que toman el almuerzo en la oficina se deciden a llevar su propia comida, ya sea por r azones de salud o económicas. El vocablo vianda deriva de la voz francesa 'viande', que significa sustento y comida. Y es justamente eso lo que nos provee: no es tan completa como un buen almuerzo pero alimenta nuestro cuerpo para resistir una jornada laboral o escolar.
Lo mismo sucede cuando viajamos o vamos a pasar un día a la playa (aunque una cosa es una vianda frugal y otra un verdadero pic- nic), por lo que una de las características de la vianda es su simpleza en todos los sentidos: debe ser fácil de transportar (esto deja fuera de carrera a guisos y gelatinas), con alimentos sencillos de manejar y comer (que no precisen instrumentos especiales para servirse, como tenedor de caracoles o cuchillos bien afilados) y resistentes a cambios de temperatura y tiempo (que no fermente raudamente, que no se derrita y que no se seque).
Los tipos de alimentos que más se utilizan como viandas son los sándwiches, tartas, empanadas, ensaladas, omelettes o tortillas, sopas instantáneas, arroz, pastas y frutas. El yogurt también está en este listado, siempre y cuando se disponga de una heladera donde mantenerlo en óptimas condiciones hasta consumirlo.
Entre las precauciones a tener en cuenta están la de no condiment ar previamente el plato (mayonesa, aderezos, aceite y vinagre deberán llevarse aparte), que el envase de transporte sea hermético (y convenientemente resistente a frío y calor), y el alimento debe ser puesto en el recipiente en el momento de transportarlo (o mantenerlo refrigerado hasta consumirlo).
Es práctico llevar con la vianda servilletas de papel, bolsa para residuos y una bolsa extra para poner el recipiente sucio, pallillos para sujetar las mitades de sándwich y elementos que podamos necesitar como cuchara o tenedor.
Imaginación, programación y habilidad para convertir sobras de una cena o alimentos que hay en nuestra heladera pueden simplificarnos el sustento y hacernos más práctica, económica y deliciosa la jornada laboral.
Claudia Caprile para ViaGourmet
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