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Cómo se percibe la calidad de un establecimiento en Francia, y quizás por acá también.
Una interesante guía de restaurantes francesa “JpRRestauWeb” (Le site des amateurs de bonne chère) nos brinda una serie de elementos para efectuar la evaluación de un local de comidas desde el punto de vista de un cliente gourmet que con algunos agregados locales resultan criterios universales. Qué les gusta y qué no a los comensales?
A la llegada y al ordenar:
En primer lugar, agradezco ser recibido (y posteriormente servido) con una sonrisa.
Me gusta que me pregunten si fumo o no y que me ubiquen en consecuencia.
Me gusta que me dejen la opción de poner mi abrigo en el guardarropas o no.
No me gusta esperar más de tres minutos en la distribución de menús.
Me gusta ser informado, junto a la entrega del Menú, de las entradas y platos del día (de existir), y la falta de disponibilidad de algunos platos.
Al ordenar, una vez que el menú es seleccionado, me gusta que me recuerden todos los adicionales al precio del plato.
Durante la comida:
Agradezco que me reemplacen rápidamente un cubierto que por error dejé caer.
También agradezco que los mozos /camareras recuerden
¡Odio esperar más de dos minutos cuando se agotan las existencias de pan!
No me gusta ser servido, mientras aún mastico la comida, o si no he dejado en forma evidente los cubiertos en el plato.
En la medida de lo posible, los comensales deberían ser servidos al mismo tiempo, o casi. Por supuesto, dependiendo del número de comensales y viajes a la cocina, se puede tolerar un poco más de tiempo, pero si se prolonga demasiado, conducirá inevitablemente a la perenne: "Adelante, que se va enfriar!”
Me gusta que se presenten los alimentos en (grandes) platos calientes, lo que permite disfrutar el plato servido sin prisa.
El servicio de vino:
Los consejos del sommelier (o del mozo) son a menudo valiosos y muchas veces han sido muy buenas sorpresas en materia de vinos completamente desconocidos, incluso a veces sobre los Vinos de la región. Pero siempre es difícil saber si las recomendaciones son objetivas o si la casa quiere vender los productos que venden mal o que tienen con amplios márgenes. En un establecimiento de renombre, nunca deberíamos ser decepcionados.
Estoy de acuerdo en que algunas etiquetas de la carta de vinos falten, pero agradezco ser informado en el momento de la orden y no después.
No me gusta que me sirvan una botella de otra añada distinta a la que ordené so pretexto de que se agotaron existencias, nuevas cartas de vino u otras explicaciones complicadas.
Me gusta que la botella de vino sea descorchada delante de mí (lo que es normalmente obligatorio). El servidor normalmente debe en forma discreta olfatear el corcho para asegurarse de que el vino es apto para el servicio.
No me gustan que me propongan probar el vino, si todavía tengo un aperitivo en mi copa y si no tengo un poco de pan para masticar entre el aperitivo y el vino.
La temperatura del vino es un elemento muy importante: entre un vino helado y un vino a temperatura de cámara existe toda una gama de temperaturas distintas en función del vino. El sommelier debe garantizarla. Los restaurantes tienen una cava intermedia donde almacenar botellas de cada etiqueta a la temperatura adecuada.
No me gusta que estacionen la botella a 15 metros de la mesa. Si el servicio es impecable, es un mal menor. Pero aún así, me gusta tener cerca la botella y una descripción de la etiqueta a voluntad. Durante los 10 ó 15 minutos que hablamos del vino, es mucho mejor tener la botella ante nuestros ojos.
Me gusta utilizar la copa grande (el de agua) para servir el vino, especialmente tinto (joven o viejo, Burdeos o de otro tipo). En los restaurantes dignos de ese nombre, el tamaño de la copa es la adecuada.
Me gusta que me hagan probar el vino, pero también me gusta servir el vino, posteriormente. Desgraciadamente la cuestión nunca se pregunta. Cuando el mozo (o camarera) nos mira, él (ella) haría mejor en seguir siendo discreto (y vigilante), en lugar de apresurarse a servir con un aire de reproche, como si nunca hubiéramos llenado la copa.!
Me gusta que me propongan servir el vino en jarra o decantador, si es apropiado. En todos los casos, la última copa debe servirse con gran atención a causa de un posible depósito.
Toda nueva botella abierta debe ser probada, y no servida salvajemente mezclando los vinos o las añadas. Las copas se deben cambiar si queremos cambiar de vino o de añada.
Al finalizar:
Me gusta un pequeño regalo en la carta: cafés incluidos, o mejor, licores o bajativos a disposición.
No me gusta una adición errónea (y es bastante común). Es un signo de negligencia inaceptable.
Y por estos lares?
Hay temas que los franceses no detallan (porque los dan por descontados) como algunas cuestiones que agregaríamos por nuestra parte, referidas a la ambientación, por ejemplo:
Me gusta que los baños estén limpios y mantenidos cada corto intervalo de tiempo, pero no me gusta que se cierre totalmente el acceso durante la limpieza.
Me gusta que los baños estén provistos de jabón, papel y toallas desechables.
No me gusta que la densidad de las mesas instaladas sea tal que estemos codo con codo con el vecino de la mesa próxima o que para levantarse de la silla se requiera una complicada movilización general de los comensales.
No me gusta que el nivel de ruidos o de la música funcional impida mantener una conversación normal.
No me gusta que las luces sean tan tenues que debamos adivinar por el sabor si lo que estamos ingiriendo es alimento o un trozo de servilleta.
No me gusta encontrar en mi copa rastros de lápiz labial (sobre todo cuando no estoy usándolo) o enterarme del menú del día anterior por restos en los platos y cubiertos.
Me gustan manteles blancos y servilletas grandes en restaurantes que se precien de serlo. Si es una cantina, papel blanco también es bienvenido.
Damos por supuesto que en todas estas cuestiones existen subjetividades o experiencias individuales que hacen que estas listas se puedan prolongar mucho más. Por ello, invitamos a quienes leen estas líneas sumen sus me gusta o no me gusta, completando un catálogo para usarlo de guía compartida con los titulares o encargados de los locales gastronómicos. Y por ahí, tendremos la suerte de disfrutar mucho más el placer de “Los amantes de la buena mesa” como se autodenominan los colegas franceses.
Carlos Jaskelioff para ViaGourmet
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