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Nada de vergüenzas. Llevarse las sobras de nuestra comida de un restaurante no debería hacerse con culpa.
Muchas veces vamos a comer a un restaurante y cuando los platos llegan a la mesa vemos que las porciones son muy abundantes. Claro que muchos sufrimos del síndrome del disfrute total, por lo que solemos comer más abundantemente en estos sitios (¿será porque los platos son presentados de tal forma que nos apetecen más?).
En muchos casos parte de la comida queda intacta en las fuentes. Media tira de asado, un trozo de matambre de cerdo, pescado... generalmente nos suele ocurrir en las parrillas, donde enormes porciones rebalsan de la platina en que se sirven. Es menos común que suceda en restaurantes, donde las porciones son generalmente mejor dimensionadas.
Hay escenas que se repiten luego de la comida, y es que en general la gente tiene vergüenza de pedir lo que sobró para llevarse a su casa. Primero comienza la lucha entre los comensales de una mesa. Decíle vos. No, yo no me animo, ¿por qué no lo pedís vos? Y siempre hay un valiente que se anima a pedir que le preparen en un paquete lo que sobró. Como si esto pudiera ser un acto que puede costarnos nuestra buena reputación.
Nada de eso. La comida que tomamos en un restaurante, la pagamos. Por lo tanto es nuestra comida, y podemos hacer con ella lo que querramos. Lo mismo con el vino, si no terminamos una botella podemos solicitar que nos la tapen y llevárnosla. En ninguno de los casos es una petición desubicada.
No estamos acostumbrados, simplemente. Hay que ver las vueltas que da una persona para pedir lo que es suyo. Y allí va la conocida frase: “¿me prepara para llevar lo que sobró? Es para el perro”. ¿Por qué justificar un pedido que debería ser normal? Bastará con decir solamente por favor, póngame lo que sobró en un recipiente para llevármelo.
También está la parte que corresponde a los restaurantes. Todos deberían contar con envases descartables para que las personas que lo deseen puedan llevarse lo que sobró de su comida, como también de envolverla conservando su dignidad. ¿Cómo es esto? No es válido poner todas las sobras juntas, y menos en una bolsa (aún si el cliente la solicitó para llevarse la comida para el perro).
Debemos tener en cuenta también que la comida que nos llevamos de un restaurante debe llegar a una heladera por lo menos dentro de las dos siguientes horas, para que pueda conservarse en perfecto estado. Recordemos que las ensaladas, papas fritas, frutas o cremas no llegarán en buen estado, pues son preparaciones que deben consumirse en el momento.
Un buen gesto del restaurante es darle al cliente una orientación acerca del traslado, conservación y mejores técnicas para calentar la comida que nos llevamos, para que la calidad de estos platos sea similar a la que encontramos en el restaurante.
Claudia Caprile para ViaGourmet
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