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De repente una frase, gesto o actitud puede arruinar una cena en un restaurante.
Entre tantas cosas que pueden suceder durante una comida en un restaurante, pensamos en cinco entredichos con un mozo que pueden terminar en indigestión, no sólo para el comensal, sino para el personal de servicio.
La combinación orden confusa – mala interpretación: Muchas veces los pedidos de los comensales son increíbles. Si sumamos la gran creatividad que induce a pedir platos que no existen en la carta, con puntos de cocción inexistentes (como: algo crudito, pero no rojo) y varios cambios de plato súbitos (no, mejor a mí tráigame…) realizados mientras otras personas hacen sus pedidos tendremos una orden confusa. Y como contrapartida, la mala interpretación por parte del mozo que, lejos de reconfirmar con el comensal si le surge alguna duda y arriesgarse a parecer ineficientes, terminan confirmando su ineficiencia con un pedido erróneo. Cuando se combinan todos estos factores seguramente terminaremos comiendo algo que no pedimos.
El cliente que siempre está insatisfecho: No importa que el mozo tome todos los recaudos para satisfacerlo, él siempre tendrá una queja que hacer. Es una de las peores cosas que le puede suceder a un mozo y también, por qué no, a una mesa de amigos. No puedo olvidar en un restaurante donde yo trabajaba en el área de vinos, un cliente (que sabíamos era quisquilloso) una vez ordenó un plato de pollo agridulce, que tenía frutas secas. Luego de comerlo todo y pasar el pan por el plato hizo un escándalo porque, según él, al plato le faltaban las ciruelas secas, y él lo había pedido solamente por ellas (cosa que nunca pudimos comprobar porque se comió absolutamente todo del plato). Tan malo no estaría, no?
El que apura: Puedo retirar ya? Muchas veces esta frase viene de la mano de la ansiedad del mozo, que no ve la hora de que nos vayamos (por el recambio de mesas o porque es muy tarde). Otras veces no cuidamos la posición de los cubiertos, si disponemos el tenedor y cuchillo en diagonal, cruzando el plato, luego no nos quejemos si quieren retirarnos el servicio. Y otras veces es el comensal que no tolera ni un segundo un plato terminado en la mesa, como si se tratara de algo repugnante y no de lo que acabamos de disfrutar segundos atrás.
Esto se come así: Qué pasa si no queremos la pasta al dente? O si la carne la preferimos bien cocida? O si no nos gusta el queso en las pastas? Nunca falta alguien (mozo, cocinero u otro comensal de la mesa) que nos recalque: esto no se come así. O peor aún, que sin nuestro consentimiento traigan el plato y luego intenten que lo comamos, aclarando: esto se cocina así, se sirve así, tiene que gustarle así. Y si no me gusta? Tengo que hacer una rabieta o traer un abogado para que se respeten mis gustos? No olviden nunca que a veces sugerir un cambio es más fácil que imponerlo.
Nos estás subestimando: No hay nada peor que subestimar a alguien, y eso sucede en un restaurante de muchas maneras. Un ticket no fiscal en lugar de una factura, una adición con elementos demás, un comensal que deja sólo monedas como propina a un mozo, por mencionar algunos. Hacen falta este tipo de demostraciones? Sobre todo si tenemos en cuenta que el objetivo de un restaurante debe ser proponer un espacio agradable para que todos disfrutemos de él.
Claudia Caprile para ViaGourmet
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