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De la mano de Bodegas del Fin del Mundo, Miguel Brascó se presentó con su típica picardía en Rock & Feller's.
Siempre impecable, de traje, con sus tiradores y corbata de moño (tan elegante él), sorprende desde su imagen formal a quienes aún no lo conocen, por ser un hombre absolutamente moderno en sus conceptos. Lejos de toda ceremonia el talentoso y multifacético Miguel, autodefinido como un embajador en tomar vinos, trasmitió su buen humor y conocimientos en una charla totalmente descontracturada que se realizó en el primer piso de este espacio gastronómico.
Como una winepedia, Brascó presentó los vinos de Bodega del Fin del Mundo y nos introdujo en una suerte de instructivo para tomar vinos. No fue un curso de cata, sino una serie de tips tratados con humor, que fueron pintando la semblanza de los diferentes bebedores del vino. Dime cómo tomas la copa y te diré quién eres. Reconocimos la ardua tarea de tener el dominio sobre la copa, y quién mejor para explicarlo que este auténtico domador de vinos.
Y aún más, cómo esa forma de tomar la copa puede cambiar nuestro destino como visitante en una bodega, un ejemplo muy instructivo de cómo nos vemos al tomarla ¿Cómo es eso? Se dice que todos los caminos llevan a Roma, o en este caso al vino. Y nuestro sendero quedará ligado al tomar la copa para hacer el recorrido. Tomarla del cáliz (malo, malo) nos llevará por el camino largo, en el grupo común de visitantes, iniciando de cero. Tomarla por el tallo nos asegura pertenecer al grupo de los conocedores, y el camino será breve. Sólo tomándola correctamente por el pie nos asegurará estar en el grupo de los que saben disfrutar el vino, y un pasaporte directo a la sala de degustación de la bodega.
Sólo con estas herramientas, aseguró Brascó, podemos entregarnos a una relación directa y hedonista con el vino, disfrutándolo simplemente. Y con esto, y sin más preámbulos nos entregamos a los vinos presentados por la bodega: su Cabernet Sauvignon 2007 Postales del Fin del Mundo Roble, un tinto jovial con el aporte de un toque de roble. Le siguió en Postales del Fin del Mundo Sauvignon Blanc – Semillón, un blanco que sigue sorprendiendo por su sensual untuosidad y frescura herbácea (sobre todo por su relación precio- calidad), muy elogiado por quienes asistieron al evento. El último vino en entrar a escena fue el Gran Reserva 2005, un blend 36% Malbec, 31% Cabernet Sauvignon, 23% Merlot y 10% Cabernet Franc (esta última variedad está siendo muy prometedora en la Patagonia), apto para personan pacientes, que sepan esperar lo mejor de este vino con una guarda.
La noche se cerró con una cena para algunos invitados (confieso que casi me la pierdo por un exceso de timidez). Sentados en una larga mesa, disfrutando de la comida (rabas, un salmón grillado en su punto justo y un brownie auténticamente tierno y húmedo, como debe ser), de excelentes vinos como un Viognier en etapa experimental, totalmente sedoso y aromático, y el Special Blend, la estrella de la bodega (como le dicen, el de “la chapita”) elegante y carnoso, voluptuoso diría (si se me permite el término), y por sobre todas las cosas, en inmejorable compañía de Brascó, la gente de la Bodega del Fin del Mundo y de quienes, como yo, amamos profundamente integrar esta tribu urbana de amantes del vino. Y, como dice el maestro, disfrutarlo sin más.
Claudia Caprile para ViaGourmet
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