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El multifacético Jorge Schussheim imaginó la Peña Shmeña, un espacio donde se baila árabe sobre música klezmer, se come kneidalaj y se escucha un stand up sobre circuncisión y shikses.
Clavarle el diente al kneidalaj es como morder la madalena proustiana. La bola, óptima, es tan densa que desafía a la física y no navega en el caldo; produce un estremecimiento que llega un segundo después del mordisco: la textura perfecta de la harina de matzá en contacto con las grasitas –describe Jorge Schussheim, artífice de todo en este sitio– confirma el talento del anfitrión de Peña Shmeña (en las instalaciones del restaurante Mama Europa) en la cocina.
En realidad no es que él brille solamente en la cocina; es hombre de lo múltiple y lo multiforme, como se comprueba esta noche en la que conviven el humor de stand up judío, la canción testimonial del antaño apodado George Brassens criollo, el remate cómico que lo hizo famoso desde “El culo me pesa” y, por qué no, la gastronomía, que se despliega feliz en el acto de “soplarle al cocinero lo que tiene que ponerle al varenike”. No lo mueve la teoría sino la gula; es puro instinto lo de Jorge Schussheim. Luego el varenike se siente liviano, etéreo casi.
“Es un plato robado a las cocinas eslavas –dice Schussheim– no más que papa, cebolla y grasa de pato. El famoso guefilte fish se hace con tres o cuatro clases de pescado sólo porque los judíos podían comprar apenas restos, y mezclaban lo único que podían pagar. Tripa rellena, cogote de gallina: nosotros comemos lo que los ricos despreciaban. Hay que tener creatividad para transformar esos desechos en cosas ricas.”
Aire a familia
Lo que convirtió la peña en boom no es nada en particular sino un clima “a familia” que enlaza al visitante con extraños grupos, como el que toca al cronista y a su colega goy, este último obnubilado con los raros peinados que –por estos días– parodia Carmen Barbieri con imposibles brushings desde las huestes de Bailando por un sueño. Una señora presente se encarga de derrumbar el mito: “Que se deje de joder esa señora Barbieri con que tiene peinado de madrina de Bar Mitzvá..., nada que ver”, tentada antes de resultar una ofendida verosímil, derrumbando la farsa antes de rematar. La señora se tienta, pero después es precisa en la descripción de lo que a “un buen peinado judío” no le debería faltar. “¿Ves?”, y lo que se marca es el calibrado entretejido de hebras más finas y más gruesas, un jopo y un globo posterior mucho más texturado, nada homogéneo, más esponjoso y menos endurecido por un spray cualunque que lo que se ve en tevé.
Lo que hace que la Shmeña sea un destino de peregrinación con reservas agotadas para los próximos quince días es esa suerte de resistencia que se instala entre las mesas a la judeidad genuina representada por las nuevas autoridades de la Amia, esa convicción que tiene esta noche el grupo de matrimonios de cincuentilargos años de casados de que Schussheim viene representando al judaísmo laico y progre previo al fenómeno Jewcy hecho de judíos jugosos neoyorquinos, y antes que la organización YOK local reivindicara el judaísmo de los márgenes, antes, mucho antes, en las filas del primer Les Luthiers, o desde los monólogos escritos para Tato, o más atrás también, en el Di Tella junto a su compañera Lía Jelin. Hacia Shmeña van grupos que parodian actitudes de la dirigencia vigente con un “¿Yo genuino? No, gracias” y luego ovacionan a Schussheim, los monologuistas, la actuación de la bailarina Eliana Staiff, que sintetiza un modo de ver el judaísmo en la Argentina: ella baila danza árabe sobre canciones judías, “una muestra de integración –define Schussheim–, un pequeño gesto a lo Barenboim pero en una esquina del barrio de Belgrano”.
Todos los jueves de julio a las 21 horas en Mamá Europa, Peña Shmeña,
Cena-café concert judio
Menú fijo (se come o se come): Sopa de pollo com knéidalaj. Varénikes de
papas con schmalz y gríbalaj de pato. Blintze de queso con smétene. Copa de
vino. Agua mineral. Café italiano Segafreddo. $ 50,00
Entrada fija (se paga o se paga) $ 25,00
Informes, reservas y otros lamentos a: (011) 4772-0926 o (011) 4777-3835 o por mail a
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Fuente: Página 12
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