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De las humitas y tamales en el Noroeste al cordero patagónico y los frutos rojos del Sur; de los vinos de Cuyo a los dorados del Litoral o el clásico asado pampeano. Un informe sobre identidad gastronómica, con los platos y las bebidas más representativos del país.
Venía la carne con cuero/La sabrosa carbonada/Mazamorra bien pisada/Los pasteles y el güen vino..." . La frase del Martín Fierro se mantiene vigente, especialmente en estos tiempos, cuando la cultura y las tradiciones de cada región del país son reivindicadas -y hasta veneradas a veces- por el movimiento turístico. Es que la gastronomía forma parte de la idiosincrasia de cada pueblo y refleja una visión del mundo; los ingredientes, sabores y aromas con que se cuenta; y una forma particular de elaboración y consumo.
Tan diversas son las costumbres culinarias en las regiones de la Argentina como los paisajes y su propia historia. Sin embargo se puede afirmar que todos los platos son el resultado de la fusión de costumbres y creencias de los pueblos originarios con las que aportaron los colonizadores e inmigrantes.
Desde las humitas y los tamales del Noroeste, hasta el cordero patagónico, el ciervo, el jabalí, la trucha y los frutos rojos del Sur. Y desde los vinos de Cuyo hasta los dorados del Litoral y la cocina con influencias guaraníes, en este informe presentamos algunos de los platos y bebidas más representativos de cinco grandes regiones de la Argentina.
Por supuesto, merece un lugar destacado el asado de la zona pampeana. Pero como sucede con muchas comidas del país, el asado se prepara de diferentes maneras según el lugar y varían los cortes utilizados. Por ejemplo, en la campaña bonaerense se cocían trozos de carne sin cuerear, directamente sobre las brasas y usando rejas de hierro. En cambio, el charqui -lonjas de carne expuestas al sol durante varios días para secarlas- era un alimento importante para el gaucho porque lo podía transportar por la Pampa y se conservaba siempre en buen estado. Y mientras que en el Litoral se acostumbraba a ensartar la carne sobre estacas, en el Norte y Cuyo se cocinaba en hornos de tierra.

Del mismo modo, los alfajores varían según la provincia: los cordobeses son esponjosos, con un baño azucarado, y los santafesinos tienen numerosas capas de dulce de leche. Es que la inmigración atravesó sus costumbres con las nativas y dejó su impronta. De esa forma, se puede saborear un cabrito a las brasas en las sierras cordobesas y degustar comidas alemanas y centroeuropeas en Villa General Belgrano y La Cumbrecita, o los embutidos y quesos friulianos en Colonia Caroya. No olvidamos el té con torta galesa en Chubut, las ensaimadas mallorquinas de San Pedro, la pizza y la pasta de los italianos y las especialidades españolas, como los arroces y el pulpo a la gallega. La lista es extensa como nuestra geografía. Y si algo nos identifica es la buena mesa.
Fuente: Clarín.com
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