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Gastronomía y turismo van de la mano para seducir a visitantes.
La actual etapa de Gobierno, se ha ocupado también de dar desde el máximo nivel del Estado, una nueva imagen y convocatoria a las seis regiones que integran el país, también por la vía de nuestras calidades gastronómicas, consagradas. Los vinos de excelente calidad que podemos degustar en origen a través de tres de las regiones con espalda al cordón andino nos completan las opciones de mayor competitividad en degustaciones para el planeta. Esta acción ha conjugado como producto Turístico con el consumo posible y genuino de cada lugar.
La ciencia del buen comer, reivindicada en cada encuentro de especialistas gastronómicos, nos recuerda que gran parte de los viajeros del mundo, estructuran sus itinerarios rescatando las posibles satisfacciones que pueden lograr de especialidades genuinas desde la cocina típica del lugar.
Un impulso inicial de la Propaganda gastronómica en el mundo, procede de la conocida "Chaine des Rotisseurs", Francia, cuyos anuales calendarios con sabor a la Edad Media, reunen a los conocedores de todo el planeta en un nivel de referencia espacialísima. En los hoteles europeos es donde el restaurante se convirtió en un motivo de prestigio desde la época de Ritz (maestro por excelencia en este campo ), pionero del estilo y el confort. El hotel se comenzó a consolidar por la calidad y prestigio de sus restaurantes.
Esto en la Argentina de los últimos 100 años lo hemos vivenciado a lo largo y ancho del país, desde la apertura en 1880 del Hotel Termal de Rosario de la Frontera, en Salta, al Bristol de la Mar del Plata de comienzo del Siglo XX, a las distinciones que se recordaron del Sierras Hotel de Alta Gracia Córdoba, como el menú que disfrutaron los participantes de la Primer Semana del Turismo Argentino, en 1928, o junto a la apertura del Plaza en la Capital Federal, antes de la celebración del centenario de mayo.
La gastronomía ha mantenido también una calidad variada y accesible, por las estructuras familiares que desde siempre la sustentaron en el servicio. Pero el problema es que se está acabando el restaurante familiar, base de esta industria distintiva en la que padre, madre, hijos, yernos, primos y cuñados integrados, manejaban la prestación. A través de este simple mecanismo se iban metiendo en una secuencia de pequeños grandes detalles en la elaboración y cocción, que les significaba el prestigio y orgullo de la familia, de muchos lugares del planeta.
La cuestión gastronómica es hoy un indiscutido tema de gran interés en toda promoción turística.
Todos los países eminentemente receptores publican folletos especializados con la presentación de su cocina típica. Pero esto tampoco debe sobrestimarse, ya que se conocen encuestas que señalan, por ejemplo, que en Inglaterra los turistas critican la falta de platos franceses, españoles y americanos en los restaurantes británicos, y la escasez de fruta fresca en los postres.
Cuando se realizan estudios de mercado para captar un determinado público, debe investigarse cuidadosamente los compuestos habituales de su alimentación.
El turista trae expectativas de alimentación acorde a lo que trasciende de la riqueza animal o vegetal del lugar visitado. Tomar el camino del norte nos obliga a pensar en las jugosas empanadas que en esas tierras son una grata repetición. Nadie pretenderá centollas baratas en Jujuy, ni frutas de estación a mínimo costo en Ushuaia, pero no puede frustrarse el deseo de saborear una picada de mariscos, al viajero que llega a la Comarca de la Península Valdés, o un atractivo pez de río en el litoral de los grandes ríos.
O la mejor cocina de mar en esa Ciudad Pionera de las Playas Argentinas. Quienes visiten la Comarca Andina del Paralelo 42° (RNO-Chu) no podrán dejar de probar el postre de fruta fina, como tampoco se resistirán al cordero asado al llegar a El Calafate, o la fresca centolla, en Ushuaia, ni terminarán cualquier recorrido por Argentina sin carne asada y buen vino.
Tiempo atrás Jaime Segarra, uno de los creadores del éxito turístico español de posguerra, nos explicaba que "el pueblo que olvida el estómago de sus antepasados, esta condenado a la mala digestión". Subrayaba con pesar que España comienza a sufrir la amnesia -por lo masivo- en la relación del uso de la mesa y el mantel. Nos citaba la invasión que allí también se da de alimentos prefabricados (hamburguesas, pollos de laboratorio, pescado frigorizado, etc), que obligan desde el Estado a fiscalizar -calidades- y bregar por la vuelta a lo genuino, si no se quiere perder espacio en el mercado turístico.
Viajeros famosos sostienen que "el estómago es la memoria de mayor perdurabilidad en el ser humano..."
Sabemos que una cocina adaptada a las calidades deseadas por el consumidor, es una atracción turística tan importante como muchas de las maravillas culturales o naturales que provocan el viaje.
La gastronomía argentina de los Andes al río Uruguay o al mar, en el descenso desde sus quebradas norteñas, el cruce de sus sierras, valles, llanuras, mesetas y oasis puede generar asombro y recuerdo también en los deseos de los viajeros más exigentes.
Fuente: HostNews
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