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En el siglo XVI este brebaje espumoso ya era muy popular pero los usos y costumbres lo fueron transformando en un postre.
El nombre syllabub (o sillabub) proviene de la unión de dos vocablos: sylla, un vino dulce que se elaboraba en la región de Champagne, Francia, y bub, que en la jerga isabelina designaba a las bebidas burbujeantes.
La receta tradicional e histórica parece simple: una mezcla de leche entera (en ese entonces la leche era recién ordeñada y conservaba toda la materia grasa, por lo que tenía una considerable densidad), azúcar y vino dulce o de frambuesas. Se batía todo muy bien y se servía como trago.
A esta receta básica se le podía agregar jugo de limón, frutas molidas, nuez moscada rallada o claras de huevo (éstas para darle mayor esponjosidad), o también sustituir la leche por crema o el vino por sidra u otra bebida dulce.
Para principios del siglo XIX las nuevas tecnologías se aplicaron a esta bebida deliciosa. Con forma cilíndrica se presentaba el batidor de syllabub, un aparato destinado a que esta bebida lograra su mayor espuma (no es más que un pequeño tanque con un émbolo para airear y batir más la mezcla). En la foto se aprecia este dispositivo de nueva generación.
Desde la aparición de los electrodomésticos el batido del syllabub podría haber sido más sencillo (imaginen a la minipymer), pero todo indica que este brebaje medieval está en claro peligro de extinción. De todas maneras me queda una duda ¿cómo caería al estómago esta rara mezcla de lácteo, cítrico y alcohol?
Claudia Caprile para ViaGourmet
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