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Si hay un buen sitio de comida japonesa en Rosario, ese es Sr. Ming. En mi tercera visita sigue llevándose un muy bien, te felicito.
Elegir un restaurante en Rosario no es tarea fácil. A la gran variedad de propuestas se suma un gran porcentaje de espacios gastronómicos que ponen todo de sí para que sus clientes queden satisfechos tanto con los platos presentados como con el servicio.
El sábado a la noche fuimos a cenar a Sr. Ming con mi amiga Margot y debo decir que sigue siendo uno de los lugares excelente que tenemos para comer en nuestra ciudad. Ya el escenario donde está emplazado (junto al río) es atractivo, y se suma a la ambientación simple y moderna del restaurante. Como el sábado hacía frío elegimos una mesa adentro, pero tienen un espacio al aire libre, con decks de madera y jardines zen (esos típicos, hechos con arena y piedritas).
La iluminación es cálida, suficiente para ver qué comemos pero no tan fuerte como para sentirse bajo un reflector. El servicio de mesa, impecable, buena vajilla y te traen cubiertos o palitos, a gusto del comensal. La carta es extensa y contempla a quienes no gustan del sushi (y que no saben lo que se pierden), presentando platos diversos con arroz, noodles (fideos), pescados y, algo gracioso, los “desubicados” de la carta (milanesas con papas fritas).
Margot pidió como entrada unas bolitas de salmón con una salsa con wasabi (no recuerdo el nombre del plato), deliciosas aunque algo difíciles de comer con palitos chinos por su tamaño algo grandes. Yo pedí ika ming, unos tubos de calamar rebozados (tipo rabas) servidos con cebolla confitada y semillas de sésamo (la segunda vez que fui a Sr. Ming ya lo había pedido un amigo, y me había parecido un plato sensacional).
Luego compartimos un combinado de piezas de sushi, el Gonzo, con 26 piezas que no pudimos terminar (por la cantidad de comida que era), y que se notaba que estaban recién elaboradas, todo fresco (esto es muy importante en el sushi) y con su correcta textura (a veces, cuando las piezas de sushi están elaboradas con anticipación, quedan gomosas y húmedas).
El servicio es muy bueno también, con tiempos justos y mucha amabilidad de parte de los mozos, que tienen mucha paciencia para explicar los platos de la carta o hacernos sugerencias.
Dos detalles que hacen a la calidez del lugar: el “himno de Japón” a la medianoche (que los mozos escuchan solemnemente parados) y Roberto, el pájaro loco que arranca sonrisas y logra absoluta complicidad con la gente, bailando con absoluta destreza y demostrando suma habilidad en lo suyo. Muy bueno.
En fin, toda la propuesta cierra, y aunque alguno pueda decirme que no es barato comer en Sr. Ming, yo les digo que tampoco es caro. Un buen sibarita sabe apreciar cuando se recibe más de lo que uno paga.
Claudia Caprile para ViaGourmet.
Encontrá a Sr. Ming en nuestra guía de restaurantes.
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