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En el corazón de Las Cañitas, en Buenos Aires, descubrimos un lugar donde el placer de una buena cena se disfruta con los 5 sentidos. Conozcamos a Namaskar.
En indi (idioma hindú), Namaskar es el saludo que da la bienvenida a esa otra parte no material de la que también estamos hechos, y es justamente lo que encontramos en este espacio gastronómico, algo que va más allá de alimentar nuestro cuerpo y es saciar nuestro espíritu.
Al atravesar la puerta de este restaurante nos sentimos invadidos por una sinfonía de especias, aromas que nos transportan desde el inicio y que nos acompañan durante toda la cena. Ya es una clara invitación al disfrute, que se complementa con un ambiente calmo y reposado.
Fiel a las creencias védicas, este espacio gastronómico introduce una cocina totalmente vegetariana que parte de la idea de toda vida es sagrada, y el hombre puede hacer la elección de los alimentos con un enfoque espiritual.
Con pocas mesas (yo diría que las justas), la atención se vuelve esmerada, y uno no puede dejar de sentirse mimado en todo momento. Al tomar asiento llega a la mesa una atención de la casa: unos panes típicos presentados en una cesta, calentitos y acompañados por tres especies de dips, uno de zanahorias, otro de tomates y un tercero especialmente bueno que tenía peras en su composición.
Como entrada pedimos un arrollado de papas con hierbas que estaba sabroso, algo seco pero que acompañamos con los dips de vegetales. De plato principal elegimos un guiso de lentejas, especiado y con una excelente cocción que permitía sentir la resistencia de las legumbres al dente; y un guiso de papas y berenjenas al curry, aromático, con un dejo dulzón y de textura cremosa, sin duda alguna un plato para recomendar.
A la hora del postre nuestra elección fue una degustación para dos personas (esta es una excelente opción en los restaurantes que lo ofrecen, con pequeñas porciones de todos los postres de la carta), compuesto por Kulfi (un helado de cardamomo y pistachos), unas bolitas de leche fritas en almíbar, una tarta de manzanas especiada, unas esferas de harina de garbanzo (similar en sabor al halvá) y unas hechas con frutos secos como dátiles, higos, almendras y otros. Excelente opción, aunque como las porciones son contundentes no pudimos terminarlo.
Un detalle importante: no hay bebidas alcohólicas (en concordancia con la filosofía culinaria), pero sí unas infusiones y mezclas muy interesantes, como los tragos que tomamos que combinaban la frescura del limón con un toque audaz de jengibre.
En la velada también disfrutamos de música típica de la India interpretada en vivo, y descubrimos el suave sonido del sitar, instrumento de cuerdas que transmite pasión en sus notas. Todo este conjunto de sensaciones hace querer retornar a este lugar donde el tiempo se detiene en un remanso único.
Claudia Caprile para ViaGourmet
Namaskar
B. Matienzo 1616
Las Cañitas
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