El oso sala la sopa

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Este restaurante, autodenominado bodegón, presenta con una estética descontracturada una buena gastronomía en Rosario.

 

El viernes pasado fuimos a cenar con una amiga al nuevo emprendimiento gastronómico El oso sala la sopa, ubicado en Pichincha. Desde que uno entra percibe la cordialidad de quienes trabajan allí, detalle fundamental en un restaurante para hacernos sentir realmente bien.

A la entrada se extiende el patio, donde varias mesas de jardín con sillones y cómodos almohadones dan un toque muy veraniego y permiten aprovechar la cena al aire libre. El espacio interior, con aire acondicionado, tiene mesas y sillas diferentes entre sí que le dan un ambiente descontracturado. ¿Un detalle original? Muchísimas lámparas de distintos estilos penden del techo.

Nosotras optamos por el patio cuando reservamos, y aunque el calor era casi sofocante esa noche, al rato ya soplaba un poquito de viento que atenuó el calor. Al sentarnos a la mesa nos trajeron una carta, la panera, un escabeche de verduras (muy rico, por cierto) y una pizarra donde estaban los seis platos del día (menúes que se hacen diariamente). Este sistema permite que uno encuentre siempre una carta diferente y platos frescos. Aunque también se debe tener en cuenta, sobre todo si uno no va temprano a cenar, que los platos se van terminando.

En la carta común hay picadas, tapas, bruschettas  e ingredientes, para quienes no quieren cenar platos elaborados, En el menú del día las seis opciones son variadas. El viernes había un plato con carne de cerdo, uno con pollo, otro con lomo, una pasta, un pescado y una ensalada. Mi amiga eligió el cerdo con una salsa agridulce de arándanos, mango y Tempranillo y yo la ensalada que era muy abundante y tenía rúcula, lechuga, camarones (en cantidad), palmitos, manzana, apio y tomate.

Los postres eran tan tentadores como los platos salados, y teníamos también cinco opciones (creo) muy originales. Yo me decidí por el gateau de chocolate con helado y mi amiga por un postre que se llevó los aplausos: dátiles en almíbar caliente con helado de limón (una combinación audaz y sabrosa).

Los precios son de término medio, no muy caros ni baratos, muy acordes a los platos que comimos. La carta de vinos, aunque no es extensa tiene una variedad más que interesante, con opciones diferentes para acompañar los platos.

Este espacio que se sumó a las propuestas rosarinas se distingue por su originalidad y por un servicio muy bueno, así como por una ambientación que te hace sentir como en casa. Para recomendar.

Claudia Caprile
para ViaGourmet

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