Colita de cuadril a la parrilla

tenedores 

Anoche la colita de cuadril asada a la parrilla fue la protagonista en una incursión gastronómica que realizamos en Rosario.

 

Parrillas en Rosario hay por montones. Carnes al asador, al disco, cortes mar del plata, achuras y tiras son los favoritos de los rosarinos a la hora de elegir una comida informal. Anoche, un grupo de personas fuimos invitados por  el programa radial Good Life a cenar a una parrilla, donde la colita de cuadril es una verdadera estrella.

Confieso que no soy muy amante de las carnes sin hueso a la parrilla, por lo que mi escepticismo me hacía dudar acerca del menú. Lo cierto es que anoche en una parrilla rosarina tuve que darle la razón a Augusto Saracco, que había estado toda la semana (desde que programamos la cena) promocionando la colita de cuadril asada que hacen allí.

Confortablemente ubicados en una mesa redonda (lo grato que es poder cenar en este tipo de mesas, no tan usuales para grupos numerosos como el nuestro, que éramos 9), la cena se desarrolló muy tranquila, entre charlas y comida abundante. Como entradas las preferidas fueron provoleta a la parrilla y empanadas de carne, esta última fue mi elección, tradicionales opciones en este tipo de establecimientos gastronómicos.

El lugar principal lo tuvio la colita de cuadril a la parrilla, tres en total, que llegaron a la mesa muy bien servidas por un ducho mozo, que las porcionó. Muy tiernas, jugosas (pero bien cocidas), con ese centro apenas rosado y su capa exterior bien doradita, así se presentaron las colitas de cuadril. La verdad es que todos quedamos muy satisfechos, ante una simple carne asada que demostró la gran habilidad del asador.

Como guarniciones siguieron también las opciones clásicas: ensalada de recula y parmesano, y unas abundantes papas fritas, todo acompañado por un vino que, debo confesar, está entre mis favoritos por su excelente relación precio- calidad, el Ique, un Malbec de Enrique Foster que diría que es ideal para maridar con personajes de la parrilla argentina.

Los postres también formaron parte de la cena, y con elecciones variadas. Mousse de chocolate (aparentemente deliciosa, pues no quedaron rastros en los platos), un clásico flan mixto y un combinado de queso y dulce (ambos postres infaltables en las tradicionales dulzuras, tan sencillos como bien presentados), un bavaroise de frutos rojos y un tiramisú (mi elección), que estaba muy fresco y sabroso, con un toque apenas de canela que lo hacía diferente.

Entre la agradable charla (muy divertido el grupo), el buen vino, la muy esmerada atención de los mozos y, por supuesto, la colita de cuadril a la parrilla (que para mí se reivindicó como un elemento más que interesante en el asador), la velada resultó una excelente combinación de factores para paras un momento realmente especial.